espués de meterme entre pecho y espalda la magnífica, eléctrica, tensa y caótica Birdman la semana pasada, la película de ayer se me ha hecho especialmente triste de ver. The Imitation Game, a la que fui porque a mi chica se le hacía muy heavy ver Whiplash (así que ya la veré en casita por mi cuenta más adelante), es poco más que un melodrama de época a la que un par de actores intentan dar algo de chispa, pero están perdiendo el tiempo. Una verdadera pena porque tenían entre manos un argumento y un elenco que podría haber dado para mucho más.
Turing. Eligen tres épocas de su vida para contarnos en lugar de hacer de la película un biopic en toda regla, lo cual se agradece. Por un lado nos presentan una pequeña historia de cariño homosexual en su juventud, un petardo infumable que, por suerte, come poco metraje a la película. Por otro nos cuentan sobre la época en la que es detenido y condenado por ser homosexual, historia que tratan tan por encima y sin querer abrir llagas, que bien se la podían haber ahorrado. Es poco más que una excusa para contar el meollo de la película: su trabajo descifrando Enigma durante la segunda guerra mundial.
Digamos que esta última parte fuera la película entera (ojalá, le quitaríamos fácilmente tres cuartos de hora al bodrio), aún así no daría más que para telefilm de segunda. Como documento divulgativo sobre el papel de Turing en la guerra, del nacimiento de la ciencia de la computación (¿se dice así?) o de la importancia del encriptado de los mensajes en la segunda guerra mundial, no sirve más que como primer paso introductorio para un estudiante de primaria. Se ahorran el qué y el cómo, para dar una pincelada del porqué y subrayar el quién.
Los personajes secundarios de la película son tan mono-dimensionales que rozan la transparencia, poco más que muñecos de cartón, parte del decorado. La ‘chica de la peli’, Keira Knightley como Joan Clarke, tiene cierto carisma pero apenas le sacan partido pues no saben qué hacer con el personaje. Dudan si jugarla como amiga, sicofante, ejemplo de femenidad o del feminismo, mami, enfermera, mente maestra u olvidarse de ella. Al final todo y nada. Todo personaje en torno a Turing sólo existe en relación a éste y son tan olvidables que no les preocupa hacerles desaparecer a ratos y sin motivo, no se les echa de menos. Es una pena, porque con unos cuantos secundarios decentes la película hubiera podido dar un pasito para salir del fango y llegar a ‘pasable’.
Por último hablemos del protagonista. Cumberbatch intenta darle una cierta profundidad a un libreto sin vida y apenas lo consigue. Se esfuerza, eso está claro y es encomiable, pero no vale de mucho. No puedo aplaudir su interpretación porque su personaje apenas la permite, pero cuando tiene que sacar algo de crudeza al esperpento, admito que algo da a la cámara, si bien resulte a menudo un pelo exagerado y falso. No puedo culparle. Con el personaje que se le da y un director satisfecho con parir un drama blandito como comida de hospital, ¿Qué podía hacer? Si hay un buen actor detrás de este Turing, no nos dejan verlo.
Obviamente, esta peli está hecha por y para los Oscars… tiene 8 nominaciones, aunque dudo que se lleve ninguno importante. Les da igual, la taquilla ya está cobrada.


















