Llegó a mi desde un podcast. No uno cualquiera, un capítulo en directo y acompañado por una banda de 99% Invisible. En él, me contaron la historia de una tragedia y una heroina, pero lo más interesante no eran ni una ni la otra: eran las experiencias (terribles, surrealistas, heroicas) de la humanidad ante lo inconcebible. Después llegó el libro.
This is Chance! describe el conocido como Gran Terremoto de Alaska o Terremoto del Viernes Santo, de 1964. Fue uno de los grandes, el mayor registrado hasta el momento en que ocurrió e incluso actualmente sigue siendo el segundo mayor registrado en la historia de la humanidad: un megaterremoto de magnitud 9.2. El sismo sacudió, literal y metafóricamente, los cimientos de Anchorage, la mayor ciudad de Alaska, hasta dejarla irreconocible por sus propios habitantes. Ocurriendo poco antes de anochecer, la noche helada encerró a la población, sin luz ni gas, en sus casas semiderruidas enterradas bajo la nieve. En la oscuridad y aterrados, nadie sabía el alcance de lo ocurrido. ¿Eran quizás los únicos supervivientes de una ciudad arrasada? La población buscó respuestas en las ondas de radio.

Y es que el libro nos cuenta la historia de Genie Chance, una reportera a tiempo parcial, cuya voz llevó información, consejos y esperanza a una ciudad herida durante un fin de semana de pesadilla. Su voz, sin saberlo ni esperarlo, llegó a escucharse por todo el mundo. Transmitió mensajes de ayuda pública, información en tiempo real (según la iban obteniendo, pues las autoridades apenas sabían más que los ciudadanos) y comunicados personales durante horas y horas sin descanso. Se convirtió, sin darse cuenta, en el centro de comunicaciones cuasi-oficial de los esfuerzos del gobierno por reparar el cuerpo y alma de una ciudad abofeteada por el destino. Militares flemáticos, policías desorientados, trabajadores de obras públicas proactivos hasta rozar la delincuencia, bomberos, personal sanitario… todos recurrían a su voz para llevar sus mensajes a la población; fuera para pedirles calma, colaboración o noticias de lo ocurrido. Pero también, siguiendo la tradición alaskeña de lanzar mensajes personales por radio para alcanzar a los que viven en las áreas más aisladas, llevó esperanza a toda la ciudad con la voz de sus ciudadanos:
«Mensaje para Kenneth Saddler: la señora Saddler está bien».
«Mensaje para Clyde Wythe en Homer: tu hija está OK».
«[Bob Deloach] ha estado trabajando todo el tiempo con nosotros en el edificio de Seguridad Pública; su familia no sabe donde está. Bob Deloach está bien».
«Nos han informado de que una anciana vive sola en el 216 de la Avenida Octaba Este. No sabemos su nombre, pero queremos pedir que alguien de su barrio se acerque para comprobar que la dulce señora está bien».
Se trata de un libro emotivo y positivo, que presenta una catástrofe con las suficientes cucharadas de azucar y corazón como para elevar tu espíritu y sentirte orgulloso de la humanidad. A pesar de lo horrible de los acontecimientos (aunque por suerte o milagro el número de fallecidos fue bajo comparado con los causados por otros terremotos de su misma categoría) este libro se esfuerza en llevar tu mente hacia la faceta más humana y esperanzadora de lo ocurrido. Cómo reaccionó la población ante una catástrofe casi incomprensible, cómo se unieron, cómo arrimaron el hombro y cómo echaron riendas al caos, mientras los cientos de ecos del terremoto se sucedían durante los días siguientes. No podía ser un libro más positivo, a pesar de todo.

Por otro lado la historia se centra en Genie Chance, tejana exiliada en el confín norte de los Estados Unidos, una mamá-heroína muy de los sesenta. Debo decir que no me gusta nada el modo en que el autor insiste en des-contextualizar su vida y la sociedad en que vivía desde el prisma actual. Rasgarse las vestiduras porque no se esperase de una mujer que tuviera una carrera de éxito o que se le pagara menos que a un hombre hace casi sesenta años muestra más ceguera que iluminación, pero son los tiempos que corren. El autor tiene tantas ganas de super-heroizar a la que ya era una heroína desde mucho antes de que él naciera que termina difuminando su figura en algunas secciones. Por suerte esto no empaña todo lo que tiene de bueno el libro.
Lo que me llevo de este libro son los detalles. Magníficos detalles extraídos de una investigación hecha con mimo. La experiencia del terremoto tuvo más de surrealista que de terrible para muchos habitantes de Anchorage y muy diversas fueron sus formas de entender lo ocurrido. Muchos tardaron un minuto de los casi cinco que duró la primera sacudida en poder formular la palabra «terremoto» en sus mentes. La mayor parte habían experimentado sismos anteriormente, pues la costa alaskeña está en una activa frontera tectónica, sin embargo sus mentes no podían asimilar lo que estaban experimentando en ese contexto. Aquello no era un temblor, el suelo bajo sus pies se comportaba como un océano gobernado por olas de roca y asfalto que les levantaban o se hundían a su voluntad. Algunas calles quedaron partidas por la mitad, con los edificios de una acera diez metros más abajo que los de la otra y los coches aún aparcados en sus plazas como si nada hubiera ocurrido. Tras el primer impacto, el escenario que les rodeaba era tan extraño como si fuera alienígena, como si un niño hubiera intentado crear una maqueta de Anchorage a escala real para un proyecto de ciencias… sin supervisión de un adulto.

El libro está escrito con un estilo dinámico y efectista, como de radio FM, que hace que quieras seguir leyendo por sus líneas bien desarrolladas como si descendieras en trineo por una pendiente suave. Su prosa te empuja adelante, si bien el contenido se atasca innecesariamente en ocasiones. No puedo hablar de su traducción, pues que yo sepa aún no hay ninguna en marcha para ninguna editorial en español… pero no me extrañaría que fuera a haberla pronto, teniendo en cuenta que, al parecer, van a hacer una película del libro.Sobre la Película
Aún está en fases muy preliminares, pero la va a producir Jonathan King para Concordia Studios, que hasta ahora, que yo sepa, sólo se han dedicado a sacar documentales para Netflix. El proyecto recaerá en gran medida en Ol Parker que escribirá la adaptación cinematográfica y está previsto que la dirija posteriormente (aunque mil cosas pueden cambiar durante la preproducción). Su experiencia tiene mucho de emotividad («El exótico Hotel Marigold») y poco de cine de catástrofes, lo que encaja con el espíritu del libro, pero me hace dudar de si sabrá aprovechar la intensidad de los hechos.
El autor del libro, Jon Mooallem, colaborará como productor ejecutivo, a saber si porque llevarse el crédito era parte del acuerdo de compra de los derechos o realmente va a participar en la producción.
Si lo traducen al español, o me entero de algo más sobre la película, actualizaré esta entrada.
Título completo: This Is Chance! – The Shaking of an All-American City, A Voice That Held It Together
Editado por Random House
Si lo queréis comprar (en inglés) aquí tenéis el enlace.
















