Información Editorial Estambul: La Ciudad de los Tres Nombres Por Bettany Hughes Traducido por Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar Editorial CRÍTICA (Planeta) Tapa Dura y Blanda disponibles Precio: 31,25 (amazon)

Bettany Hughes nos golpea con milenios de historia de una región que ha sido uno de los centros de la civilización durante la mayor parte de su existencia. Estambul, Constantinopla, Bizancio han sido sus tres nombres, pero siempre ha servido de llave entre Oriente y Occidente, entre Europa y Asia. Desde sus orígenes prehistóricos, hasta el siglo XX, este libro nos presenta su historia completa, leerás sus orígenes como colonia helénica y sus convulsiones en la Gran Guerra y sus consecuencias. Sin embargo este libro es mucho más que la historia de una ciudad; Constantinopla es casi una excusa para contarnos la historia de Europa y Oriente Próximo desde un punto de vista poco conocido para el público español educado desde la perspectiva puramente occidental.
No sé a vosotros, pero a mi en el colegio me contaron mucho (relativamente) sobre el Imperio Romano Occidental, pero la rama oriental del imperio, que le sobrevivió por muchos siglos y que se convirtió en una super-potencia cristiana, centro de las artes, el comercio y la cultura… apenas cuajó en mis libros de texto. Sí, sabía que había perdurado mucho, pero de algún modo parecía que todos sus siglos de existencia habían sido una especie de lenta decadencia hasta su caída inevitable. Creo que la causa fundamental estriba en el elemento religioso. A ningún español le gusta pensar en Constantinopla como la sede mundial del Cristianismo (y defensora última de la imagen de la Madre de Dios, encima) en ninguna época histórica. A los cruzados de hace un milenio tampoco les hacía mucha gracia, pues decidieron convertirla en su objetivo de ataque en vez de defenderla.
Personalmente la parte que más me ha fascinado es la Tardo-Antigüedad, esos borrosos siglos en los que se entra en la Edad Media. No creo ser el único que en su imagen mental de la historia hay un gran bache entre las escenas de romanos con togas en el senado y los castillos gobernados por señores feudales arrodillados ante la cruz. De algún modo nunca me imaginé a senadores ‘romanos’ (pues así se consideraban en Constantinopla) yendo a misa y comprando huesos de santos.
Otra cosa que te sorprenderá de este libro son situaciones y ‘escenas’ inesperadas; como el vínculo entre los vikingos y Bizancio, la conexión veneciana o su relación con la dinastia imperial Tang de China. Personalmente lo que más se me quedará para siempre en la memoria son sus descripciones de la Rebelión Niká del 532 A.D. La imagen de un estadio lleno de fanáticos de los equipos Verde y Azules de cuádrigas (una mezcla de hoolingans y partidos políticos cuya influencia se extendía en todos los aspectos de la vida constantinopolitana) coreando al unísono por la derrota del Emperador-Santo-Dios que les oberva desde su palco elevado; la historia retorcida de cómo un campesino y su esposa-prostituta llegaron a ser Emperadores y aterrorizar a toda su corte; la manipulación política del pueblo, los sobornos descarados, la carnicería y crueldad y la destrucción de media ciudad por las llamas mientras un Emperador se esconde en palacio dudando en si abandonar su trono llevándose todo lo que pueda del tesoro consigo… digno de Hollywood.

El libro no es perfecto, sin embargo. Aún en su larga extensión de 741 páginas (sin contar con los extensos apéndices y bibliografía) no consigue pintar la historia de la ciudad sin saltar constantemente en el tiempo y en la temática. La autora elige, probablemnete con acierto, tratar diferentes aspectos de cada época en un sólo capítulo, aunque eso suponga dar marcha atrás en el tiempo o pegar algún salto al futuro. La imagen final que te queda en la cabeza está llena de detalles, pero los momentos de confusión son inevitables por el camino. También se ve obligada a pasar por encima por eventos o situaciones históricas de las que te gustaría conocer en mucho más detalle; mi recomendación es que tomes nota e investigues por otras vías para profundizar. Hughes tiene mucho ‘territorio temporal’ que cubrir, quiere extender su tapiz tan lejos como llegó la influencia bizantina y eso supone dar pinceladas de brocha gorda.
Otro detalle que estorba es su insistencia en hacer mención al aspecto actual de la ciudad a lo largo de sus cientos de páginas. Supongo que quiere justificar su visita a la ciudad (que seguramente no le aportó tanto como toda la bibliografía de consulta a su disposición) y quizás su editor le dijo que era importante mantener un vínculo entre el presente y el pasado… el resultado se queda en mención de puestos de kebab y tiendas de móviles mientras intentas leer sobre todas las reconstrucciones de Hagia Sofia. Lo bueno es que es facilísimo saltarse esos párrafos inútiles para no perder el hilo.
Estambul no es el punto de encuentro entre Oriente y Occidente, sino el ámbito de confluencia desde el que uno y otro polo se lanzan miradas de encono y anhelo, [pues ambos] comparten tantos sueños como relatos y efusiones de sangre.
Al leerlo, no pude evitar contrastarlo en todo momento con el magnífico SPQR de Mary Beard, pero es una comparación injusta ya que, por pura acumulación de culturas, religiones y siglos, el objeto de trabajo de Hughes es mucho más amplio que el de Beard.
En cualquier caso, aunque intimide su tamaño, lo recomiendo a cualquiera interesado en acercarse a la frontera milenaria entre nosotros y ellos (oriente y occidente) sin arriesgarse a hundirse en el fango de las leyendas, las fakes news históricas o, simplemente, del tedio.















