The Women parecía una propuesta interesante sobre el papel: una ‘comedia’ de Cukor con Joan Crawford en la que sólo participan mujeres. Me imaginaba algo ñoño pero divertido, estaba incluso preparado para varios excesos emocionales, pero lo que me encontré fue muy distinto. Para empezar lo de comedia se podría discutir. No es exactamente un dramedy (mezcla de drama y comedia) tampoco, es como si cogieras un argumento de culebrón y lo filtraras fino con mucho azucar para hacer un glaseado. El meollo de la película es el drama de una ama de casa pija cuyo marido (que, como todos los hombres en esta película, nunca aparecen) le pone los cuernos con una chica de baja categoría (y trabajadora!), todo mediatizado por un entramado de mujeres pérfidas, cotillas y metomentodo.
Más que ‘Las Mujeres’ podría llamarse ‘Las Pécoras’ o ‘Las Criaturas Lamentables’ o… bueno, pilláis la idea. Todas las mujeres de la película presentan un rol deleznable y condenable: mujeres sin moral, sin decencia, sin vergüenza, cotillas, dependientes, aburridas, tristes, coquetas, estúpidas y/o sin orgullo, ni fuerza, ni posición. Son mujeres por y para los hombres en una película por y para mujeres. Claro, es de 1939. ¿Qué podía esperar?
La película tiene sus cosas buenas, es cierto, el guión está cargado de momentos interesantes, pero tan exagerados que no resultan interesantes (el ritmo de puyas, comentarios sarcásticos, insultos encubiertos y puñaladas traperas por minuto se hace excesivo). El trabajo de cámara es historiado y llamativo, con muchas escenas largas pasando de sala en sala (con trucos de salón obvios, pero curiosos para la época) enlazando diálogos. Algunos de los personajes son interesantes en teoría, aunque no en ejecución, o más bien fallan por abuso de femeneidad mal entendida. El exceso de extras, además, se llamativo, justificado casi en exclusiva porque necesitan más cuerpos donde colgar vestidos. Por último el clasismo es fortísimo, pero ahí ya casi que no vale la pena entrar.
Lo más curioso de la película es su márketing y product placement descarado. Los que la produjeron sabían lo que tenían entre manos. Es una película a la que irán las mujeres sólas, en rebaños atontolinados dispuestas a que les doren la píldora, les hagan reirse, odiar y echar una lagrimita. Es una película en la que les dicen lo que deben sentir, lo que deben hacer y les dan gustos uno tras otro. No es una película para que se sientan incómodas, sino todo lo contrario: una película para ellas. Rosa, blandita, llena de glamour, dramas sosos, heroínas sin carácter y, sobre todo, vestidos lujosos. Ahí está el meollo. Es el tipo de película que, pese a estar grabada en blanco y negro, tiene una sección de unos diez minutos a todo color en el que se muestran modelos con vestidos caros, nada más. Nisiquiera aparecen las protagonistas (ni ningún personaje) durante ese spot publicitario mal encubierto.
Si toda la película parece una excusa para convencer a las mujeres de que deben ser monas, coquetas, sensibles, convencionales y guapas, el mayor esfuerzo lo dedican a cómo conseguirlo: para todo eso tenéis que gastar dinero, y mucho. Bien pensado no es tan distinto del cine moderno ¿verdad? La única diferencia está en el descaro con el que dejan claras sus intenciones.
El glamour sale caro, pero ‘compensa’.


















